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Pasó el tiempo y todo
paciente que era atendido en el séptimo piso moría por situaciones
desconocidas. Un paciente gritó histéricamente y fue atendido de
inmediato. Estaba aterrorizado, pues dijo haber visto una enfermera con
aspecto pálido. Varios pacientes, doctores y enfermeras habían visto lo
mismo. Los dueños del hospital no tuvieron más remedio que clausurar el
séptimo piso.
Aún el piso está
clausurado y si vas por el elevador, al presionar el numero 7 hace caso
omiso y no se puede parar en la planta. Por las escaleras las puertas están
selladas para que nadie pase.

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